Por Felixant Freites Castillo.- En predios del Campus de la Universidad Nacional de las Comunas, UnaCom, en Tocuyito, se recibió la visita del poeta, escritor y profesor Juan Medina Figueredo; un lujo contar con su presencia en este recinto universitario. Tras una sucinta recorrida por algunas áreas del Campus, con el acompañamiento de la profesora Edizeth Gambero, asistente del director general, y otros docentes, así como de un grupo de participantes de la Organización Política Estudiantil, fue invitado a la plaza Jorge Antonio Rodríguez, a un conversatorio para disertar acerca de unos cuantos trazos biográficos del mártir de la democracia puntofijista adeca. Una vez en este ambiente, hizo una semblanza del prócer y mártir revolucionario Jorge Antonio Rodríguez, quien vino al mundo en Carora, en 1942, y de quien se cumple el cincuentenario de la detención, tortura y asesinato el 25/07/1976, durante la gobernanza del mandatario adeco de Carlos Andrés Pérez, a raíz de la privatización de PDVSA. Lo asesinaron en los calabozos de la Dirección General Sectorial de los Servicios de Inteligencia y Prevención (DISIP) en Caracas. Un par de días antes lo habían apresado. Ni siquiera una ligera mollizna impidió al grupo guarecerse bajo techo, por solicitud del poeta Medina. Le acompañaba un primo y su amada consorte. Narró Medina cuando se conoció con Jorge, al llegar él desde Aragua de Barcelona, con unos 13 años, siendo un mozalbete que andaba medio desnudo y descalzo. Enfatizó que disfrutó de su amistad y de sus orientaciones, ya que Jorge fue un maestro, siempre enseñando a estudiantes, militantes y obreros, un verdadero socialista que no olvidaba su condición de político. Emprendió Jorge una lucha frontal, abierta, jamás quiso replegarse en la clandestinidad, por eso fue asesinado sin delatar a sus camaradas. Fue militante de AD y del MIR, y en 1973 constituyó la Liga Socialista, estando allí hasta que lo eliminaron, a los 34 años de edad. Hombre corajudo que soportó todas las torturas a las que fue sometido, antes de fallecer; hasta con huesos rotos, no como decían en la necropsia amañada de su cuerpo, que murió infartado. En este sentido el poeta Medina fue muy prudente al reservarse muchas cuestiones de Jorge Rodríguez. La experiencia, la sabiduría adquirida en los años de la militancia vital le permiten obviar detalles y situaciones.Un tema que se guardó fue la imposición de las manos, arte nipón que bien conduce. Este método es el Reiki, que canaliza la energía vital y promueve la sanación física y mental. Jorge, según Medina, en todas partes que llegaba lo hacía fundando y dirigiendo medios de información como periódicos y revistas. Jorge fue un auténtico comunicador, y maestro todo el tiempo. Además, entre otras tantas virtudes, fue un genuino alfabetizador y difusor del lenguaje. Reveló el poeta Medina que, él estuvo al lado de Cansini, un luchador social que acá en caseríos de Nueva Valencia, y La Horqueta, en Tocuyito, se mantuvo al frente como fundador de la Liga Agraria, en favor de los pisatarios que se oponían al terrófago Luis Bigott; dizque propietario de esas áreas aunque nunca se ha demostrado la titularidad como dueño de estas tierras. Develó Medina que hasta le debe a Jorge, haber conocido a su consorte, a quien vio por primera vez estando en cautiverio, y que aún le acompaña desde ese entonces. Narró además, que Jorge era tan solidario, que hasta lo acompañaba al odontólogo. Este lo sujetaba en la silla porque no había anestesia. El contertulio Medina contó ciertos aspectos históricos de las comadronas que se encargaban de las parturientas. Así como habló de los padrotes afrodescendientes, al igual de las mujeres que eran tomadas por igual sus vientres (como los alquilados hoy día) para obtener buenos especímenes y luego venderlos a los amos de fincas o mercaderes; este recordatorio del infrascrito. Hubo otros episodios que citó el poeta Medina. Así como instó a los estudiantes a defender y preservar la UnaCom, a ellos corresponde publicitar esta iniciativa, no que vengan otros a tomar esa idea. Confesó el bardo y profesor Medina, entre otras incidencias que, es un consumidor de mangos -comemangos- y hasta se llevó una bolsa con unos cuantos de estos. Hasta de los apicultores se refirió, porque se han ido extinguiendo, acotó, cuando supo que el profesor Arturo Villegas tiene como responsabilidad, el Curso de Apicultura, lo cual le pareció una excelente iniciativa por parte de la UnaCom. Conozcamos un tanto quién es el intelectual Medina El escritor Juan Medina Figueredo, es nativo de Aragua de Barcelona, también, es poeta, ensayista, cronista y profesor universitario. Ha publicado varios libros, como Reverberaciones (1995, poesía); La Terredad de Orfeo, ensayos,(dedicado al poeta Eugenio Montejo) y el libro comuna que es Siglo XXI, educación y revolución (2010) con su estructura en redes que comunica a la crónica y el ensayo; el volumen de cuentos La Visita del Ángel (2010) y la novela Por un leve temblor (2014).Con estos dos últimos ganó el premio de narrativa de Fundarte y una mención de publicación, ambos con esa firma editorial.Presentación de la novela Por un leve temblor. Su poesía ha sido publicada en dos colecciones poéticas importantes como El Corazón de Venezuela. Patria y Poesía y Rostro y Poesía de la Universidad de Carabobo.Posee unas cuantas obras, para no decir que es un autor prolífico dentro de la literatura. En Valencia estuvo en rol de docente en el ayer Tecnológico de La Manguita, hasta hace escaso tiempo. Este hoy día ha sido transformado en Universidad Politécnica Territorial de Valencia. Sus maestros de inspiración y formación cultural han sido Samuel Robinson y el brasilero Paulo Freire. El profesor Juan Medina Figueredo, se despidió de «la universidad de la vida y de la integración», prometiendo una nueva visita. A través de la profesora Cira Zuárez, quien es la cómplice de su comparecencia. A solicitud del poeta Cira leyó fragmentos de un poema. Tocuyito, 26/07/2026.- Navegación de entradas «Mesa de diálogo» Venezuela en la encrucijada: Entre las ruinas, el pragmatismo y la esperanza del pueblo