Lcda. Eddy Rodriguez Aponte. Prensa Pana.

Para continuar acercándonos a una cada vida día más saludable, esta semana alimentamos la búsqueda de respuestas sobre cómo funciona el miedo en lo individual y en lo colectivo y con esta aspiración encontrar la posibilidad de identificarnos como seres holísticos, completos e íntegros en cuerpo mente y espíritu. En una mirada de lo individual es oportuno reconocer que nuestra biología, nuestro sistema nervioso y los programas subconscientes que traemos definen lo que vivimos, al conocer nuestro funcionamiento tenemos mayor posibilidad de elegir el cómo lo vivimos. En estos momentos, cuando tenemos frente a nosotros circunstancias amenazantes, desde diversos puntos de vista, desde las menos imaginadas y previsibles a simple vista, las asumimos como terreno fértil para que emerja el miedo o el amor; podemos dedicar especial atención al menos visible: el miedo, y en consecuencia examinarlo nos trae a considerar que, a nivel individual, su origen implica la confluencia entre los siguientes determinantes: 

1. La bioquímica de nuestro cuerpo implica que, ante una situación de amenaza, el hipotálamo detecta un peligro y activa el eje hipotálamo-hipófisis-glándulas suprarrenales, las que están encima de los riñones, y estas segregan las hormonas que dan la orden de luchar o huir, es decir pelear con el adversario o salir corriendo. Estas son las famosas hormonas del estrés, adrenalina y cortisol que aumentan la energía, el ritmo cardiaco y la presión arterial y las culpables de muchos males.

2. Estas hormonas del estrés, oprimen los vasos sanguíneos de los órganos digestivos y vísceras, haciendo que la sangre se vaya a las extremidades y tener fuerza para actuar, por ejemplo, peleando o corriendo. La importancia central de entender básicamente este funcionamiento es que este proceso bioquímico inhibe el crecimiento de las células y suprime completamente el funcionamiento del sistema inmunológico. Esto es vital para la soberanía. Sí, leíste bien: es vital para la soberanía. Igualmente, se comprimen los vasos sanguíneos del cerebro, reduciendo la eficiencia de nuestro pensamiento consciente, lo que hace que actuemos de manera refleja, instintiva, y, por tanto, nuestra respuesta es muy rápida y actuamos sin pensar.  Al respecto, el Doctor en biología celular, Bruce Lipton dice: “O creces o te proteges”

3. Un tercer elemento es nuestra programación subconsciente en la infancia, ya que la mayoría de los miedos son adquiridos a través de las experiencias de condicionamiento que recibimos en los primeros y determinantes siete años de nuestra vida. Una edad en la que los niños y niñas son como esponjas absorbiendo todo sin filtro, por tanto, observan las reacciones de sus padres y cuidadores grabándose automáticamente estas conductas que pasan a ser verdades absolutas, queramos o no, en el resto de su vida. Por esta causa, los miedos y traumas de los padres son reproducidos en las siguientes generaciones y a veces es muy difícil detectar, volviéndose presa fácil del “sistema” que es a quien le obedece.

Esta síntesis tiene el propósito de abrir la reflexión en nuestros lectores y lectoras para comprender con facilidad el origen y funcionamiento del miedo ya que es conociendo como se pueden abordar los asuntos primordiales; y tener en cuenta que el crecimiento de la vida no tiene espacio cuando actuamos bajo amenazas, en constantes alarmas o en constantes búsqueda de mecanismos de protección. En próxima edición abordaremos qué sucede en lo colectivo.  

“La vida te asusta y te asustará cuantas veces sea necesario hasta que pierdas el miedo y recuperes tu fe” Bert Hellinger

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