Por: Dip (AN) Gisela Virginia Tovar. Estado Yaracuy.

Cuando hablamos de agricultura se nos viene a la mente de inmediato la imagen del conuquero ese campesino que trabaja la tierra con técnicas ancestrales y una vocación inquebrantable, heredada por generaciones, ese al que el campo es parte de su ser, durante años ha sido el símbolo de la producción agrícola, mas, sin embargo, reducir la agricultura a esa sola figura sería un error.

La realidad es mucho más amplia no se trata solo de una persona (el conuquero o el trabajador agrícola), sino de toda la familia quienes como equipo se involucran en las labores rurales para garantizar nuestra alimentación de cada día.

Agricultura Familiar

Padres, madres, hijos, abuelos primos, tíos, participan activamente en cada parte de la cadena productiva, desde quienes desmalezan los terrenos, siembran, riegan, cuidan de los cultivos hasta la cosecha, los que llevan las vacas u ovejos a pastorear, le dan de comer a las gallinas y cerdos, los que recogen los huevos por la mañana, los que desgrana, transforman, sacrifican, despluman, limpian, cocinan, comparten y venden; eso se hace en familia.

Los investigadores Sergio Schneider y Fabiano Escher nos señalan: … “lo que identifica a campesinos con agricultores familiares es que el trabajo, la producción y la familia forman un conjunto que actúa de forma unificada y sistémica, cultivando organismos vivos y llevando a cabo procesos biológicos a través de los cuales crean condiciones materiales para garantizar su reproducción como grupo social. Eso significa que la organización social y económica, el proceso de trabajo y producción, las relaciones con los mercados y las formas de transmisión patrimonial y acceso a la tierra mediante la herencia, están fuertemente influenciados por relaciones de consanguinidad y parentesco y tributarias tanto de la manera como las familias administran sus recursos como de los valores culturales y simbólicos que definen su identidad”.

Esta visión nos invita a reflexionar sobre la importancia estratégica de la agricultura familiar en Venezuela, no solo como un medio de subsistencia, sino como un motor de seguridad y soberanía alimentaria, desarrollo sostenible, resiliencia comunitaria y justicia social.

Su alcance, lo evidenciamos al enmarcarla en los compromisos internacionales asumidos por el país, especialmente los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la Agenda 2030 y el reciente Plan SAN CELAC 2030.

Por tanto, es fundamental recordar que mientras que la seguridad alimentaria se centra en la disponibilidad y el acceso físico y económico a los alimentos, la soberanía alimentaria va más allá. Es el derecho de los pueblos a definir sus propias políticas y estrategias sostenibles de producción, distribución y consumo de alimentos, garantizando el derecho a la alimentación para toda la población, con base en la pequeña y mediana producción, respetando sus culturas y la diversidad de los modos campesinos, pesqueros y de pastoreo.

La Agricultura Familiar (AF) contribuye a reducir la dependencia de importaciones de alimentos, fortalecer la producción nacional, proteger las semillas criollas y los conocimientos tradicionales. Si hablamos de sostenibilidad ella es un actor clave, pues tiene la capacidad de producir alimentos sanos, culturalmente apropiados y respetuosos con el ambiente.

Reconocerla como categoría social y económica prioritaria es el resultado de un largo proceso de debate y Visibilización que culminó en un hecho histórico: en 2017, la Asamblea General de las Naciones Unidas declaró el período 2019-2028 como la Década Internacional de la Agricultura Familiar, llamado de atención al mundo sobre el roll insustituible de esta actividad en el alcance de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).

La Agricultura familiar incide directamente en:

ODS 1 (Fin de la Pobreza) y ODS 2 (Hambre Cero): En Venezuela es el sustento de millones de familias rurales y suburbanas, la AF abastece una porción significativa del consumo interno de rubros como hortalizas, raíces, tubérculos, frutas, granos y proteína animal a pequeña escala, que se manifiesta en el abastecimiento de mercados populares.

ODS 5 (Igualdad de Género): La mujer rural juega un rol protagónico aquí, no solo en las labores productivas sino en la gestión del hogar, la transmisión de conocimientos y la toma de decisiones. Defender este sector implica empoderar a las mujeres, garantizar su acceso a la tierra, a la tecnología.

ODS 8 (Trabajo Decente y Crecimiento Económico) y ODS 12 (Producción y Consumo Responsables): El trabajo rural activa las comunidades acorta las cadenas de comercialización y fomenta sistemas de producción más sostenibles y respetuosos con la naturaleza.

ODS 13 (Acción por el Clima), ODS 15 (Vida de Ecosistemas Terrestres) y ODS 14 (Vida Submarina): La producción familiar, en muchos casos incorporan prácticas de agroecología, la rotación de cultivos y el uso de recursos particulares, contribuyen a reducir la huella de carbono, la conservación de la biodiversidad, la protección de los suelos y las fuentes de agua.

En conclusión, cada familia campesina no solo alimenta a su comunidad, sino que también cultiva esperanza, dignidad y futuro, fortalecerlas es afianzar nuestra identidad como pueblo, a su vez garantizar el derecho a una alimentación sana, culturalmente apropiada y producida por nuestras propias manos.

En Venezuela la AF más que una actividad productiva, es un tejido social que sostiene la vida, siendo una herramienta estratégica para alcanzar la soberanía alimentaria.  Al vincularla con los Objetivos de Desarrollo Sostenible y el Plan SAN CELAC 2030, reconocemos que no se trata únicamente de producir alimentos, sino de construir un modelo de desarrollo más justo e inclusivo, nuestro por tanto el camino hacia la sostenibilidad en Venezuela pasa, ineludiblemente, por reconocer, apoyar y celebrar a esos millones de familias que cada día hacen posible que el campo venezolano siga vivo, nutriendo esta la Patria en experiencia colectiva.

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