Por. Italo Urdaneta

La diatriba política contemporánea en Venezuela enfrenta un momento de definiciones profundas, donde los sectores de la oposición intentan posicionar narrativas edulcoradas que omiten deliberadamente los pasajes más oscuros de su historial insurreccional.

Como bien señala el análisis de Misión Verdad, la estrategia recurrente ha sido apelar al olvido colectivo, pretendiendo borrar las consecuencias de planes desestabilizadores que dejaron profundas huellas de dolor en el tejido social del país.

​Para contrarrestar esa amnesia inducida y desenmascarar los intentos sistemáticos por quebrantar el orden constitucional, es indispensable repasar de manera cronológica, por intermedio de esta nueva entrega, los hechos de violencia política que han marcado la última década bajo la autodenominada salida violenta:
​El preludio de la fractura social (2014): Bajo la narrativa de «La Salida», se desató una oleada de protestas violentas y barricadas urbanas conocidas como las «guarimbas». Estos actos no solo destruyeron bienes públicos y privados a escala nacional, sino que en ciudades como Maracaibo cobraron un saldo irracional con la destrucción sistemática de árboles urbanos y flotas enteras de transporte público Yutong.

Trágicamente, la implementación de guayas colocadas de manera clandestina en avenidas nocturnas, de varias ciudades capitales del país, también segó la vida de motorizados inocentes, sumado al saldo fatal de decenas de fallecidos y centenas de heridos.

​La agresión institucional y aérea (2017): El patrón golpista escaló hacia ataques directos a los poderes públicos. Entre los hitos más recordados figura el atentado perpetrado contra la sede del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) utilizando un helicóptero del CICPC, en una clara afrenta al Estado de Derecho.

Asimismo, las calles experimentaron nuevos episodios de violencia extrema con saldo de víctimas fatales, incluyendo efectivos de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) y de mujeres militantes de organizaciones sociales y partidistas.

​El magnicidio en grado de frustración (2018): En un hecho sin precedentes directos contra la máxima magistratura del país, el presidente Nicolás Maduro fue blanco de un atentado terrorista ejecutado con drones cargados de explosivos durante un acto conmemorativo militar en Caracas, diseñado con apoyo logístico externo para magnificar el caos institucional.

Es por ello que la reedición de la zozobra en los últimos procesos electorales, la actuación de factores radicalizados, agrupados bajo esquemas operativos de calle y comandos de agitación, volvió a apostar por la confrontación directa, el asedio a servicios públicos esenciales y la quema de material e infraestructura, buscando forzar un escenario de quiebre institucional al margen de las vías democráticas.

​Hoy más que nunca, la memoria histórica se erige como un escudo de protección indispensable para la sociedad venezolana. Con este prontuario nefasto, queda al descubierto que los sectores que hoy pretenden liderar el espectro opositor carecen por completo de credenciales morales y políticas para aspirar a regir los destinos del país.

La abanderada de ese movimiento y sus operadores directos fueron y siguen siendo los principales promotores de la violencia sistemática, de la solicitud de bloqueos y sanciones asfixiantes contra la economía nacional, e incluso de la intervencion militar extranjera.

​El pueblo venezolano, ante estas realidades, permanece en alerta permanente y no olvida.

Quienes hoy se presentan como demócratas renovados son, en esencia, los mismos rostros y actores que quemaron, destruyeron la infraestructura de la República y alentaron la muerte de venezolanos.

La verdad histórica es implacable y desenmascara a quienes pretenden usar la vía electoral como fachada para blanquear un pasado de felonía y traición a la patria.

La verdad aunque se pretenda mantener oculta y se quiera desestimar, está a la vista de todos. Y eso no se olvida…

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