Por Edito HidalgoDurante la pasada semana, está y las que vienen la comidilla del día es el acuerdo energético entre Estados Unidos y Venezuela lo cual significa un pacto de explotación, inversión y suministro petrolero a gran escala acordado por ambas administraciones.Explotación con una data operativa de 25 años (aunque voceros estadounidenses se han referido a un marco de concesiones de mayor plazo en campos estratégicos). Cubre 8 bloques que abarcan 17 campos petroleros y compromete alrededor del 20% de las reservas probadas del país. Contempla una inversión privada e institucional de casi $100.000USD millones proyectando elevar la producción en unos 1,5 millones de barriles diarios adicionales. La ejecución está articulada principalmente a través de la firma privada North American Blue Energy Partners (NABEP) en conjunto con operadores tradicionales y empresas norteamericanas. Un 20% del crudo extraído se destinará a reabastecer la Reserva Estratégica de Petróleo de EE.UU. Ventajas Inyección masiva de capital y tecnología: Los $100.000 millones estimados permiten reconstruir una infraestructura petrolera fuertemente deteriorada, aportando taladros, maquinaria moderna y transferencia tecnológica. Se prevee que los ingresos fiscales para Venezuela se calculan ingresos estatales de al menos $209.000 millones en impuestos y regalías durante la vigencia del contrato (calculado a un precio promedio de $65 por barril), asegurando una recaudación de unos $19 por barril extraído.Efecto dinamizador y empleo: Estimaciones parlamentarias y técnicas proyectan la creación de miles de empleos directos e indirectos, además de una mayor oferta de divisas que contribuye a estabilizar el tipo de cambio y frenar la inflación.Suministro seguro para EE.UU.: Para Washington, representa garantizar petróleo pesado para sus refinerías del Golfo a costos competitivos y sin intermediarios geopolíticos. Desventajas y críticas: Cesión de gobernanza y soberanía operativa: El acuerdo otorga al Gobierno estadounidense y a firmas norteamericanas amplio control administrativo, derechos de veto en directivas, supervisión bajo tribunales de EE.UU. y prioridad de compra sobre la producción. Rigidez de la carga fiscal: Analistas económicos señalan que la estructura impositiva fija acordada puede ser problemática: si los precios internacionales del petróleo caen demasiado, la carga fiscal resulta hiper-elevada para las operadoras, lo que podría desincentivar la inversión real en momentos de crisis de precios. Falta de transparencia legislativa: Algunos sectores de la sociedad civil y parlamentarios de oposición han criticado que el acuerdo haya sido respaldado políticamente sin la debida publicación y discusión detallada de sus textos contractuales definitivos.Riesgo reputacional y legal: La participación de intermediarios e inversionistas señalados en investigaciones financieras previas genera dudas sobre la sostenibilidad legal internacional de las contrataciones a largo plazo. Lo cierto es que con ese acuerdo Venezuela apuesta a salir del atolladero que la colocaron con las sanciones y con un alto ingrediente de corrupción por dos o tres miembros de su gabinete ejecutivo. Ejemplo lo de Tarec El Aissami y otros. Venezuela se dirige hacia un impulso desarrollista, claro, entendiendo que también habrá problemas por la situación de daños a la naturaleza. Ecologicamente en esa zona están las mayores reservas de agua dulce y los ríos más caudalosos con una tremenda biodiversidad que debe ser respetada y resguardada para las nuevas generaciones. Navegación de entradas «DUDAR ES TRAICIÓN»…Acuerdos petroleros con Estados Unidos El pacto energético EE.UU.-Venezuela: Realpolitik, arquitectura fiscal y rediseño del mercado global.