Por. Italo Urdaneta La reciente escalada discursiva protagonizada por María Corina Machado y los sectores más radicales de la oposición venezolana marca un nuevo hito en su dilatada trayectoria de desencuentros con la realidad geopolítica. Al cuestionar abiertamente las valoraciones del expresidente Donald Trump y pretender erigirse en un poder por encima de cualquier dinámica internacional o constitucional, la extrema derecha vuelve a demostrar que su brújula no apunta hacia la estabilidad ni hacia el bienestar de los ciudadanos, sino hacia una obsesión inquebrantable por el poder a cualquier costo. En los carteles y mensajes que circulan profusamente en las redes sociales, donde se proclama la intención de avanzar «con los Estados Unidos o sin ellos», se destila una peligrosa mezcla de soberbia política y miopía histórica. Esta actitud de desafío frontal no es más que una cortina de humo para ocultar un desprecio absoluto por los costos sociales que sus aventuras políticas han acarreado para el país. A esta facción de la oposición extrema jamás le han importado las sanciones, el sufrimiento de la gente común, ni los fantasmas de la violencia y la intervención que sistemáticamente han tratado de invocar para saciar sus apetencias particulares. Pretender ignorar los escenarios reales y las advertencias que provienen de los propios centros de poder norteamericano, bajo la premisa de que «ha llegado el momento oportuno», es un ejercicio de irresponsabilidad colectiva. Mientras las grandes mayorías reclaman soluciones económicas, paz y convivencia democrática, la dirigencia extremista insiste en sacar el «hacha de la guerra», apostando al caos como su única vía de supervivencia política. La historia reciente de Venezuela está plagada de estos falsos absolutos: líderes que prometen salidas mágicas, que retan al tablero internacional y que, al final del día, dejan tras de sí una estela de frustración y estancamiento. La nación exige madurez, respeto a los cauces institucionales y, sobre todo, un compromiso ético con la paz que descarte de una vez por todas la confrontación estéril promovida por quienes anteponen su ambición personal a la soberanía y la tranquilidad de la patria. Eso de insistir en que las elecciones van con o sin el aval de Estados Unidos, demuesta una desconexión absoluta con las prioridades de pacificación y reactivación económica que imperan en la agenda internacional, y al mismo tiempo en un claro reto al presidente Trump, quien en definitiva tiene el «sartén tomado por el mango». Navegación de entradas «DUDAR ES TRAICION»…Delcy Rodríguez en las Naciones Unidas Fondos Soberanos Petroleros: