¡En Venezuela hacer periodismo apegado a la verdad y a la justicia te lleva a que te califiquen de radical y que te asocien a una tendencia política! Por: Ítalo Urdaneta A lo largo de una carrera periodística de más de 40 años, hemos asumido los principios esenciales que deben regir nuestra profesión: la búsqueda y promoción permanente de la verdad y de la justicia. Sin embargo, en la Venezuela de hoy, esta práctica profesional se ha convertido en un peligro inminente para quienes aspiramos s mantenernos fieles a esos valores. En lo personal, jamás hemos negado la admiración por un proyecto bolivariano original que planteó la unidad y la hermandad latinoamericana, como lo soñó el Libertador Simón Bolívar, para constituirnos en una región desarrollada y protegida de cualquier embate externo. No obstante, esto nunca ha significado ni significará avalar las irregularidades, los vicios, la viveza criolla y, mucho menos, la corrupción que desgraciadamente se ha infiltrado en las estructuras gubernamentales. Cuando se escribe y se habla con la verdad, llamando a las cosas por su nombre, surgen las dudas y las etiquetas. Se nos tilda de «radicales», exponiendo al comunicador social a un clima de persecución, asedio y judicialización. A pesar de ello, nuestro compromiso sigue firme: apegado a la verdad y a la justicia, y que venga lo que tenga que venir. Las verdades incómodas no se eluden; de hecho, celebramos cuando el peso de la ley recae sobre corruptos e infractores, demostrando que el castigo institucional puede prevalecer. Por otra parte, el ejercicio patriótico y nacionalista exige rechazar de frente las acciones de una oposición extrema que promovió sanciones, bloqueos y medidas coercitivas en perjuicio del pueblo venezolano, alentando una migración masiva e incluso llamados a intervenciones y acciones foráneas. Pero el temor a la verdad no es exclusivo de un sector. Dentro del propio gobierno, cualquier observación periodística constructiva, cuyo único fin es corregir fallas e irregularidades que afectan al ciudadano, suele incomodar de inmediato a algunos, poniendo en riesgo la estabilidad laboral de los profesionales de la prensa. Como consecuencia, el periodismo de opinión es hoy un espacio sumamente escaso; son pocos los que se atreven a escribir con apego a la realidad por miedo a perder su libertad, su bienestar o su vida, optando tristemente por el silencio ante los reiterados llamados a la violencia. A este panorama se suma un fenómeno alarmante: el florecimiento de un periodismo mercenario a través de las redes sociales. Comunicadores que operan desde el exterior, bajo dividendos económicos y sin ningún control ni escrúpulo, lanzan acusaciones infundadas carentes de investigación seria. Esto degrada la moral y la ética que deben caracterizar a un verdadero profesional de la comunicación. En conclusión, los periodistas honestos de este país no defendemos intereses partidistas ni agendas gubernamentales; exigimos sencillamente que impere la justicia y la verdad. Asimismo, aquellos actores políticos que promovieron salidas violentas y dañinas contra la nación no pueden pretender regresar como si nada, buscando proyectarse como candidatos idóneos para dirigir el futuro de nuestra patria sin rendir cuentas ante la ley. Navegación de entradas Contadores Públicos de Yaracuy logran hazaña deportiva El rol estratégico de Venezuela en la dinámica geopolítica y energética del siglo XXI