Por. Fox Mulder

Buenos días. Coloco este tema al debate necesario en nuestras redes sociales:

​Cuando la política terrenal se agota y las promesas de transformación institucional pierden fuerza frente al descontento social, es común ver a ciertos dirigentes refugiarse en el terreno de la fe. Este fenómeno, evidente en la reciente estrategia de la dirigente de derecha María Corina Machado en Venezuela al volcar su discurso hacia devociones populares como la Virgen de Coromoto o la Divina Pastora, no es algo nuevo. Encuentra un claro trasfondo en la teología política analizada por pensadores como Carl Schmitt y Walter Benjamin, quienes advertían cómo el poder busca revestirse de sacralidad para volverse cuestionable.

Al verse desmontado un proyecto político sin capacidad de respuesta ni respaldo popular, la apelación a lo sagrado intenta trasladar la disputa desde el terreno de las ideas y la gestión hacia el plano moral. Quien recurre a esto busca presentarse ya no como un actor social sometido al escrutinio público, sino como la encarnación de una causa divina. Sin embargo, desde una mirada teológica y pastoral, someter la fe a los intereses partidistas representa una clara instrumentalización del sentimiento religioso del pueblo, dividiendo a las comunidades y manipulando símbolos que pertenecen al acervo cultural de todas y todos.

Como señalaba el sociólogo Pierre Bourdieu al abordar el capital simbólico, el uso de códigos religiosos busca generar una empatía afectiva e inmediata cuando se carece de argumentos sólidos. Pero ​desde una verdadera concepción revolucionaria y de transformación social, la religión jamás debe convertirse en un escudo táctico para encubrir la falta de propuesta o el fracaso político. Un proyecto comprometido con la emancipación del pueblo respeta la espiritualidad como un espacio sagrado de conciencia, ética y liberación humana, ​rechazando rotundamente que se emplee a Dios o a las advocaciones Marianas para manipular las emociones colectivas o salvar proyectos elitistas en decadencia.

​El uso de la fe como herramienta de propaganda expone la debilidad de un liderazgo que, al no poder sostenerse en el debate transparente de las ideas, busca refugio en el dogmatismo. La auténtica política se demuestra en el compromiso diario con la justicia, la verdad y la dignidad colectiva, no en la utilización oportunista del sentimiento sagrado de nuestra gente.

​»Dios perdonará a los que le niegan; pero ¿qué hará con los que cometen maldad en su nombre?» — Jacinto Octavio Picón

​UNIDAD CONCIENCIA Y DISCIPLINA REVOLUCIONARIA

​»DUDAR ES TRAICIÓN» ​Seguimos en combate construyendo la patria, saludos y bendiciones del camarada Fox.

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