Por Ilmer Ernst Belisario Borrero

Por que mis ojos no te ven las veces que quiero estar contigo y las veces que tengo el sentido para observar tu figura, solo veo los nubarrones de una miopía profunda que nubla los ceñimientos.

La explicación es sencilla la maravilla no es causa intencionada de mi caprichosa manía de verte, sino circunstancia de la obras y acciones que mueve el mundo de las cosas.

Basta con pensar para saber que perder el tiempo es la complementariedad del ocio y el opio que pereza en la mente inhóspita de un amargo corazón.

Grito desesperado que la vida se va sin que podemos detener su camino mientras estamos plantados aunque no sea nuestra naturaleza y un bosque desea moverse y en a única manera que se traslade es cuando las manos ecocidas se unen para destrozar el encanto natural. Su sueño se hace realidad cuando cae muerto el roble eterno.

Nosotros apresuramos la muerte que nos dejará inerte por siempre y aún así la divina providencia en los siglo transformaran nuestros rastros hecho polvo, para unirse a la tierra y nutrir el próximo roble que espera desplazarse sin importarle que primero debe morir.

En cada árbol debe estar el nutriente humano con seguridad en algún momento el leñador mata al árbol, que su antepasado nutrido con sus cenizas.

Morir es el comienzo de una nueva vida, es dejar el espacio para que lo habite otro ser que se incorpora para continuar la vida que dejaste o desaprovecharte.

Un amigo me preguntó que es la vida y en su momento no tuve respuesta satisfactoria han pasado algunos años de mi vida y solamente pudiera contestar que aún quisiera vivir más y discutir menos, ver lo que mis ojos anhelan y mi cuerpo pide pero mi mente entorno sedentario me ancla con su látigo implacable.

Una tras otras he alcanzado las metas propuestas con la ayuda suprema del padre eterno, pero luego ellas se convierten en circunstancia sin ningún significado para mejorar las aspiraciones.

Me propongo ahora a conquistar sueños grandes con ideas grandes y espíritu libre, basta del cansancio tonto en su momento estaré por siglos en el descanso, ahora debo levantarme para luchar por consolidad mi aporte humanitario familiar y personal para dejar la huella imborrable en los libros celestiales.

El pesimismo no me apasiona eso solo frustra, gracias mi Dios y Ángel de la Guarda, que alimenta en el momento preciso el espíritu abatido, para continuar en la senda de la formación sin esperar una jubilación sino de conquistar la maravilla de la no privación sin abuso pero llegar a pensar que la vida desde hoy cobra un sentido más grandioso y menos perezoso. 

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