Por Lcda. Ingrid Parra CNP 26.012.-

​Hoy se enciende el horizonte con la brisa de los vientos,
con la voz que no se apaga y el amor de los cimientos.

Nació el hombre de la espiga, del cuatro y la rebeldía,
sembrando en cada conciencia la semilla del día.

​Alí, cantor de la patria, de la piel y la madera,
levantaste los sueños altos como una sagrada bandera.

No fue solo el cuatro el que armó tu canto herido,
fue la voz del pueblo entero que se alzó contra el olvido.

​Con el dolor de los pobres convertido en esperanza,
le cantaste al horizonte donde el porvenir avanza.

Tu garganta fue trinchera de justicia y de combate,
un lucero iluminando el oscuro disparate.

​No te marchaste en el tiempo, te quedaste en las esquinas,
en las manos del obrero, en las luchas campesinas.

Tu canto sigue brotando como un río indetenible,
porque la utopía justa nunca será batible.

​¡Salud, cantor de la aurora, centinela de la historia!
Tu cuatro sigue vivo encendiendo la memoria.

Y en cada paso que damos por la patria soberana,
tu voz nos abre el camino hacia la nueva mañana.

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