Por Fox Mulder.- Muy buenos días tengan todos los camaradas en este espacio de encuentro y debate. En esta fecha memorable, al cumplirse un aniversario más del natalicio de nuestro padre y guía eterno, el Libertador Simón Bolívar, aquel insigne caraqueño nacido en 1783, es un deber sagrado evocar la grandeza de su obra y la vigencia de sus inmortales ideales. Por ellos luchó sin descanso, entregando su vida y su genio para arrancarnos del yugo y legarnos una patria libre y soberana. Hoy, en medio de las recias adversidades y la compleja coyuntura que nos circunda, nos mantenemos firmes en esa misma trinchera de honor, defendiendo con dignidad inclaudicable la independencia que nos legó. A lo largo de todos estos años de proceso, para nadie es un secreto que ha sido un ejercicio revelador ver cómo se mueven algunos personajes en la escena mediática. El caso de Mario Silva es el ejemplo perfecto de cómo la comunicación, la psicología y la conveniencia política se terminan mezclando según sople el viento. Si uno se pone a ver con lupa sus últimas apariciones en televisión y las compara con su propio pasado, salta a la vista que ese radicalismo tan rabioso le sirve más como un escudo para cuidar su puesto que como una convicción ideológica de verdad. Si analizamos su actitud desde la psicología, llama mucho la atención esa manía de querer erigirse como el único tribunal moral de la revolución. El tipo anda metido en un esquema donde todo es blanco o negro, patria o traición, sin término medio. Pero ese discurso destemplado no es más que un mecanismo de defensa. Quien se la pasa midiéndole el revolucionómetro a los demás con tanto veneno, lo que busca en el fondo es tapar sus propias contradicciones para que nadie le pida cuentas. Es la típica actitud del inquisidor que ataca y señala a medio mundo en pantalla para hacerse el indispensable y no quedarse fuera del juego. Ahora, viéndolo desde la coherencia y la lealtad al pueblo, eso de venderse como el único y verdadero heredero del legado de Chávez es pura paja. La legitimidad de un cuadro no se demuestra de la boca para afuera, sino manteniendo la misma línea en las buenas y en las malas. Sin embargo, lo que hemos visto en las distintas etapas de la revolución no es firmeza, sino un brinco de trinchera tras otro, demostrando una lealtad acomodaticia que se mueve hacia donde apunten sus propios intereses. El tipo ha sabido acomodarse rápido a como venga la mano, aplicando silencios sospechosos o cambiando el libreto según quién tenga el sartén por el mango en el poder. Su famosa trinchera no es un espacio de lucha real, sino un show de televisión donde la lealtad dura lo que dure el patrocinio institucional. ¿Cómo es posible que alguien que supuestamente se vende como comunicador revolucionario se sienta orgulloso de ser mencionado, compartido y hacerle republicaciones a textos de palangristas como Emmanuel Rincón? Hablamos de un personaje dedicado a fabricar fake news basado en la teoría de la asimetría de la estupidez para ir en contra de lo que hace nuestra presidenta encargada, intentando tergiversar el hecho de que nosotros somos revolucionarios y estamos esperando el pronto regreso de nuestro presidente en ejercicio, secuestrado por el imperio, Nicolás Maduro Moros. Que no se nos olvide que fue un personaje como Mario Silva el que trajo a la palestra a la supuesta abogada y periodista Eva Golinger, que resultó ser una agente de la CIA, así como a María Alejandra Díaz, quien resultó también ser un doble agente infiltrado y actualmente se encuentra huyendo en el exilio en Colombia. Ante esto, uno se pregunta: ¿no será que Mario Silva también ha sido tentado por la CIA y forma parte del mismo proyecto, del mismo experimento? Desde lo político y lo filosófico, cuando el radicalismo se despoja de la autocrítica y se niega a ver la realidad de la calle, se convierte en simple fanatismo de micrófono. Un proyecto revolucionario de verdad necesita debate de ideas, dialéctica y la valentía de reconocer los errores del propio proceso. Cambiar el pensamiento crítico por el insulto, el chantaje y la descalificación entre camaradas lo que hace es frenar al pueblo y desconectarse por completo de la gente de a pie. A fin de cuentas, la postura actual de Mario Silva es pura autopreservación y conveniencia. La verdadera lealtad a la revolución no se mide por quién grite más duro ni por quién tire más veneno por un micrófono, sino por mantenerse firme junto al pueblo sin andar acomodándose según la coyuntura. Creerse el dueño del legado desde la comodidad de un estudio de televisión con aire acondicionado y con guardaespaldas que estén pendientes de cuidarle su integridad no es amor por el proceso, es la prueba clara de un ego enorme que confundió la defensa de una causa colectiva con su propia permanencia en el poder. En la revolución no hay espacio para la simulación ni para los leales de ocasión, pues como bien decía el Comandante Ernesto Che Guevara, en una revolución se triunfa o se muere si es verdadera. UNIDAD CONCIENCIA Y DISCIPLINA REVOLUCIONARIA DUDAR ES TRAICIONQue la luz bolivariana de este 24 de julio siga iluminando el camino de lucha de nuestra patria, manteniendo intacto el fuego sagrado de la libertad y la soberanía por la que siempre pelearemos.Como siempre su camarada Fox saludos y bendiciones. Navegación de entradas Las carroñas. Reacomodo geopolítico y la transformación del esquema petrolero