​​Por: Italo Urdaneta

​Desde hace días atrás los venezolanos, en materia política, sentimos que las cosas en nuestro país tienden a complicarse, e incluso, a salirse de su normalidad.

No es una exageración lo que estamos advirtiendo, sustentado en argumentos que están a la vista de todos y respaldados por hechos públicos y notorios.

​Esa situación nos induce a pensar que algo extraño se teje entre telones.

Sentimos que desde las más profundas catatumbas del país comienza a gestarse todo un movimiento político que busca dar al traste con el gobierno que preside la mandataria encargada, Delcy Rodríguez, alterando el clima de paz que con tanto esfuerzo se ha venido construyendo.

​A través de las redes sociales hemos podido observar que el discurso de ciertos sectores tiende a ser más directo y retador, buscando caldear los ánimos. Sumado a esta circunstancia, cada vez más nos llegan datos que nos hacen presumir que se pretende encender nuevamente la confrontación, con consecuencias nada buenas para todos los venezolanos.

​Frente a este panorama, es necesario destacar el rol que ha venido jugando el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, quien ha llamado permanentemente a respaldar a la presidenta Delcy Rodríguez y a estabilizar al país tanto política como económicamente.

El propio mandatario estadounidense ha señalado con claridad que Venezuela avanza por una senda positiva de recuperación y que las condiciones actuales exigen prudencia, reiterando que el país no está listo para precipitaciones electorales que pongan en riesgo los progresos logrados.

​Sin embargo, el hecho que ha terminado por encender las alarmas es el reciente pronunciamiento de la exmagistrada emérita Blanca Mármol de León. La ex jurista ha salido públicamente a invocar una supuesta desobediencia civil y a proponer la creación de una «Junta de gobierno» írrita, con la pretensión de deponer a la mandataria actual.

​Lejos de buscar soluciones institucionales, este tipo de llamados encubre una clara intención de desestabilizar al país.

Cuando Mármol de León convoca a tomar las calles, a protestar y a promover un nuevo paro petrolero, está jugando con candela. Un paro petrolero en estos momentos significaría el colapso absoluto de la economía nacional, asfixiando al país, destruyendo los convenios internacionales con empresas transnacionales y echando por tierra el esfuerzo conjunto que busca rescatar el bienestar de los ciudadanos.

​Este llamado inconsulto no solo busca retar al presidente Donald Trump y los planes de recuperación económica acordados, sino que empuja irresponsablemente a la sociedad a un escenario de confrontación abierta.

Convocatorias de esta naturaleza solo buscan generar caos, propiciar conflictos armados en las calles y dejar un saldo doloroso de muertos y heridos que los venezolanos de bien repudiamos categóricamente.

​No estamos exagerando la nota; al contrario, advertimos a tiempo que detrás de estas acciones de la extrema oposición hay un plan premeditado para fracturar la paz social.

Apoyamos firmemente los esfuerzos de estabilización y entendimiento, bajo la premisa de que hasta que no estén dadas las condiciones socioeconómicas e institucionales adecuadas, cualquier intento de alterar el orden constitucional debe ser frenado.

De lo contrario, de un momento a otro en el país comenzará a escucharse de nuevo el estruendo de la violencia y el ruido de los sables.

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