Por. Edito Hidalgo.-

El fenómeno de El Niño, que está primera semana de agosto visito Yaracuy, es un evento climático natural que consiste en el calentamiento anormal de las aguas superficiales del océano Pacífico ecuatorial. Altera los patrones de viento y la atmósfera, provocando graves desequilibrios del clima en gran parte del planeta, con sequías severas en unas regiones e inundaciones extremas en otras. Origen Es causado por el debilitamiento de los vientos: Los vientos alisios que soplan de este a oeste se debilitan o cambian de dirección; a la acumulación de agua cálida: El agua tibia del Pacífico Occidental se desplaza hacia las costas de Sudamérica (Perú y Ecuador), se produce un aumento de temperatura que Impide que las aguas frías profundas asciendan, elevando la temperatura del mar.


Génesis del nombre: Pescadores peruanos tenían una mala racha e imploraron al Niño Jesús les ayudará para llevarle comida a sus hijos, de repente notaron que sus redes se llenaron de peces y como era diciembre atribuyeron un milagro y lo llamaron «El Niño» por el Niño Jesús (Navidad). Claro al haber un recalentamiento de las aguas del océano pacifico los peces huyeron más cerca de las costas.


Daños y Consecuencias Principales: Sequías e incendios: Provoca escasez de lluvias en zonas como el norte de Sudamérica, Centroamérica y el sudeste asiático, dañando bosques y cultivos. Inundaciones y deslaves: Genera lluvias torrenciales en el litoral oeste de Sudamérica, destruyendo infraestructura y viviendas. Impacto en la pesca: El calor ahuyenta a los peces de agua fría, afectando la economía pesquera local. Crisis alimentaria y salud: Reduce la producción agrícola y favorece la propagación de enfermedades respiratorias y tropicales.


Este fenómeno de El Niño ocurre de manera cíclica pero irregular, presentándose cada dos a siete años. Su duración promedio oscila entre los 9 y 12 meses.

Aunque El Niño es un evento estrictamente natural, tiene conexiones e interacciones muy destructivas con actividades humanas como la tala y la quema, así como con el sistema de corrientes del planeta (incluyendo la del Golfo).
La tala y la quema no originan El Niño, pero provocan una relación de retroalimentación destructiva (un círculo vicioso):
El Niño intensifica las quemas: Al generar sequías prolongadas y temperaturas extremas en regiones como el norte de Sudamérica o la Amazonía, la vegetación se seca. Esto convierte los bosques en «polvorines» vulnerables, facilitando que las quemas agrícolas se descontrolen y causen incendios forestales devastadores.


Lo cual empeora los efectos de El Niño: Los árboles liberan humedad a la atmósfera mediante la evapotranspiración Al talar y quemar los bosques, se destruye esta «bomba» de agua natural. Cuando llega El Niño, las zonas deforestadas sufren sequías mucho más agresivas y el suelo pierde toda su capacidad de retener agua.

¿Qué tiene que ver con la Corriente Termohalina y la del Golfo?
(Nota: El término correcto es corriente termohalina, que proviene de «termo» -temperatura- y «halina» -salinidad-).
La Corriente del Golfo forma parte de un sistema global de circulación oceánica profunda llamado Circulación Meridional de Retorno del Atlántico (AMOC) o cinta transportadora termohalina. (Termómetro Natural del planeta) Aunque ocurre en el océano Atlántico y El Niño nace en el Pacífico, están conectados a nivel planetario:


El «Efecto Mariposa» Climático (Teleconexiones): Las anomalías de temperatura que causa El Niño en el Pacífico alteran la presión atmosférica global y los patrones de viento. Estos cambios viajan por la atmósfera e impactan al océano Atlántico, modificando temporalmente la fuerza de los vientos que empujan la Corriente del Golfo.


Frenado de la Cinta Transportadora: El cambio climático (potenciado por años de eventos extremos de El Niño y La Niña) está derritiendo los polos. El exceso de agua dulce en el norte altera la salinidad y la densidad del agua, lo que está ralentizando la corriente termohalina global. Si esta gran cinta transportadora se debilita de forma permanente, los patrones del fenómeno de El Niño podrían volverse mucho más caóticos, impredecibles y violentos en el futuro.

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