Por. Fox Mulder.- Les comparto un excelente escrito de la gran amiga, diputada y amor de mi vida, Carola Chávez.
Hace años, en 2011, durante una reunión de lo más selecto de la intelectualidad de izquierda europea y latinoamericana, fue imposible llegar a un acuerdo para hacer una declaración en defensa de Gadafi y del pueblo libio ante las agresiones de la OTAN.

La raíz del desacuerdo era la misma de siempre: Gadafi no era Marx, la revolución libia no era como dice el librito y había y hay intelectuales del todo o nada que llegaron hasta a exponer que no sería malo que la OTAN derrocara a Gadafi; y de ahí empezar a construir con los escombros una revolución verdaderamente de izquierda. Esto es historia vivita y coleando.

En esos mismos días me invitaron a unirme a ese grupo. Tuve que declinar por dos razones: la primera es que no soy una intelectual, no me gustaría ser eso que son aquellos que dicen serlo. Es una pose que no me queda porque a mí me gusta caminar pisando tierra, con los pelos del burro en la mano. Me gusta ir entendiendo y aprendiendo, mucho más que ir dando lecciones. Me gustan las palabras y las cosas con sustancia.

La segunda razón, y esa fue la que expuse, es que yo no soy de esa izquierda. Yo lo que soy es chavista, que no es poca cosa, y como chavista me preocupaba mucho que un movimiento tan «importante» de gente tan «brillante» no fuera capaz de entender, respetar y defender los distintos modos que crean los pueblos para construir su liberación.

Me preocupaba mucho, y así lo dije, que entonces era a Gadafi y su pueblo, pero que bajo esa óptica miope de soberbia, mañana segurito iba a ser Chávez y el chavismo. Porque deben saber ustedes que, como se dijo del peronismo, porque hacía las cosas a su particularísimo modo, los chavistas somos incorregibles.

Es que, desde siempre, el chavismo ha estado bajo la lupa de esa izquierda de vitrina cuyo concepto de «defensa de los pueblos» es subirse a un pedestal de cartón piedra y girar instrucciones o «valiosas críticas», sobre todo estas últimas, empapadas de la superioridad moral de quien nunca se ha tirado un peo. Los hemos sufrido desde que Chávez asomó su boina roja allá en febrero de 1992.

Chávez siempre estuvo en ese limbo de duda donde la izquierda intelectual pone los líderes que hacen las revoluciones posibles. Los valientes líderes revolucionarios que casi nunca se parecen a lo que esa intelectualidad cree que deben parecerse. Lo mismo les pasa con los pueblos en revolución. ¡Al limbo todos!

Su timming siempre es perfecto. Cuando estábamos en uno de los momentos más delicados de nuestra relación con Colombia, la «intelectualidad de izquierda» acusó a Chávez de traidor por el caso de la deportación de un periodista colombiano. Aquello, más que un caso, parecía una trampa de esas que, hagas lo que hagas, te vão a embarrar. La izquierda perfecta no escatimó en lanzar barro.

Lo mismo pasó con el caso del cantor de las Farc. Aquel escándalo, aquella lloradera, aquella indignación sin tener la menor idea de lo que estaba pasando. Y es que hay cosas que no se pueden explicar y no se explican, pero que si uno tiene medio dedo de frente y estudia el contexto las entiende. Y si sabíamos que Chávez era Chávez, esa lloradera y esas acusaciones estaban absolutamente fuera del perol. Pero ellos, que son tan sabios e inteligentes, no vieron el charquito amarillo.

Contra Nicolas fueron aún más implacables. No tuvieron ni un poquito de piedad con el pueblo chavista que luchaba junto a su presidente con el alma huérfana arrugadita en el pecho.

Estando bajo los más severos ataques a nuestra economía, se apartaron como si fuéramos la peste, y peor aún, hacían sus campañas usándonos como el mal ejemplo que no querían para su país: el insultante «No somos Venezuela» les parecía un eslogan inteligentísimo y más si le agregaban jocosamente que ellos sí tenían papel toilet. Eso sí: jamás mencionaron las causas reales de nuestras dificultades.

A Nicolás Maduro lo acusaron de destruir el legado de Chávez desde el primer día hasta el 3 de enero. Ahora la malvada, traidora, destructora del legado que Nicolás destruyó es Delcy Rodriguez, y aprovechen, que de paso es mujer.

Bebiendo de la fuente del enemigo, se unen con ligereza a una brutal campaña de desmoralización contra el chavismo que hoy, en su momento más difícil, maniobra defendiendo no solo su existencia sino la de Venezuela toda. No nos dejamos joder y es eso lo que no nos perdona esa izquierda soberbia, necia y ramplona. No nos perdonan que siempre hagamos lo imposible. Que no nos sacrifiquemos en el altar de sus dioses ateos. Que nos levantemos tras cada derrota. Que torzamos a favor el destino en contra haciendo lo que tenemos que hacer, chavistamente, sin pedirles ni permiso, ni perdón.

Aquí les dejo mi humilde opinión al respecto: Lo que plantea Carola Chávez en el fondo es una crítica directa a esa izquierda intelectual de escritorio que juzga las revoluciones desde afuera. Su punto es sencillo: hay un grupo de pensadores que se dicen de avanzada pero que terminan dándole la espalda a las luchas reales porque no se parecen a lo que dicen sus libros de teoría.

Pasa que cuando las cosas no salen de manual, estos sectores se lavan las manos y terminan repitiendo el mismo discurso que la derecha. Carola muestra cómo ese desprecio lo vivió Chávez, después se lo aplicaron a Nicolás Maduro y ahora se lo están haciendo a Delcy Rodríguez. Con ella, de hecho, el ataque es doblemente destructivo porque le meten el componente machista al cuestionar su capacidad como mujer al frente de la política.

Al final, la idea central es defender que cada país resuelve sus problemas como puede y como le toca, pisando tierra. Las luchas de la gente común no necesitan el visto bueno de ningún sabiondo desde un pedestal para ser válidas.
Como decía Karl Marx:

UNIDAD CONCIENCIA Y DISCIPLINA REVOLUCIONARIA «DUDAR ES TRAICIÓN»
Sigamos marchando con la convicción firme de que la victoria es el único destino posible para los pueblos que han decidido ser libres y soberanos. ¡Venceremos!
Su camarada Fox
PD: Carola, sabes que te amo, así el rival se ponga celoso jajaja. ¡Se les quiere mucho!

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