Por.- Ilmer Belisario Que nostalgia siento al ver la noche marínense. El sonido hermoso de los mangos y de la humedad creciente. El sonar de la brisa al chocar con los frondosos árboles Ver las palmas resistir el viento en las oscuras y misteriosas calles. Inspira recordar la infancia en que corríamos como locos Tras una pelota de trapo y bolsa, que agitábamos de a poco El gritar fuerte para llamar al amigo de siempre. El que recuerda tus penas, alegrías y juguetes. Cada rincón huele a travesura cómplice y pobreza rica de gracia. La peor pelea se resolvía con el próximo juego de metras o chapa. La emoción era completa con la lluvia que borra el cansancio Al salpicar en tus pies y el titilar del frío que solo venció el remanso. Ese calor de hogar y el aroma familiar impregnado en el paño. Lástima que se pendió como los rostros, las sonrisas, la bulla y el canto. Desaparecieron los animalitos que hacían del pueblo su corral. Se los llevaron toditos, por una ley neoliberal. Todos andábamos a pie, sólo el afortunado en bicicleta. Que prestaba a los amigos para matar la fiebre y recorrer el pueblo con chancletas. El comer en la calle era común ver, Y compartir lo poco con el vecino fiel, más común solía ser. ¿Como olvidar los tiempos? del juego de yoyo, trompos y papagayos también. Eran campeonatos de muchachos, por cuadras, veredas y avenidas por doquier. Mi pueblo es más que calles y construcciones del lugar Es vivencia, alma y vida, es ternura rural. Es lucha permanente frente a gobiernos desleales. Es canto, es poesías por reivindicaciones sociales. Comprender el ser marínense es sencillo significativo y complementa la sabiduría Es la historia no contada, es romance, locura, sentir y melodía. Cuando escuches hablar mal de mi pueblo, no te pido que lo defiendas, Pero si, que expreses convincente que aunque todo lo destruyan, quedará un muchacho que lo anhela. Navegación de entradas LA TRINCHERA INDOMITADE LA CULTURA UN YARACUYANO EJEMPLAR