Por Federico Ruiz Tirado Al cumplirse 44 años de la partida física de Alfredo Maneiro, la memoria política venezolana no rinde homenaje a una simple estatua de bronce ni a un cliché del dogmatismo de izquierda, sino a una de las mentes más lúcidas, críticas y heterodoxas del pensamiento revolucionario del siglo XX en Venezuela. Su siembra, ocurrida el 24 de octubre de 1982, dejó una grieta fecunda en el mapa ideológico del país, cuestionando los esquemas rígidos de las vanguardias tradicionales y planteando formas de construcción popular que aún hoy interpelan al poder y a las militancias. De la guerrilla urbana al pensamiento crítico La trayectoria de Maneiro resume las tensiones dinámicas de la Venezuela de mediados del siglo XX. Militante desde temprana edad en la Juventud Comunista y combatiente contra la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, su postura firme frente al viraje anticomunista de Rómulo Betancourt lo llevó a escoger la lucha armada. Como Comandante «Tomás» al frente del Frente Guerrillero Manuel Ponte Rodríguez, conoció de primera mano los límites y contradicciones de la insurgencia. Sin embargo, el verdadero rasgo distintivo de Alfredo Maneiro no fue solo su capacidad de empuñar las armas, sino su agudeza para interpretar los giros del momento histórico. Tras el proceso de pacificación de mediados de los años sesenta y las fracturas del Partido Comunista de Venezuela (PCV) en 1971, rechazó tanto el dogmatismo burocrático como la acomodación revisionista. Desde las aulas de Filosofía en la Universidad Central de Venezuela (UCV), refundó su praxis política mediante la creación de La Causa R y la redacción de textos fundamentales como “Notas sobre organización y política”, en los cuales consagró los célebres conceptos de eficacia política y calidad revolucionaria. La «pata militar»: El encuentro con Hugo Chávez Un capítulo determinante en la visión estratégica de Maneiro fue su comprensión del papel que debía jugar el sector castrense en la transformación nacional. Lejos de concebir a las Fuerzas Armadas como un enclave enemigo e inalterable, entendió que cualquier proyecto de ruptura patriótica requería articular una fuerza conjunta.Fue en ese marco ideológico donde el escritor Federico Ruíz Tirado desempeñó un papel de enlace histórico: llevó a Alfredo Maneiro a conocer al entonces joven capitán Hugo Chávez Frías. El objetivo fundamental de aquel encuentro era confirmar, nutrir y ampliar la estructura que el propio Maneiro definió y teorizó como «la pata militar». Esta visión anticipada sobre la alianza civico-militar prefiguró, años antes de las insurrecciones de 1992 y el triunfo de 1998, el eje sociopolítico que redefiniría la historia contemporánea de la nación. Un legado que exige autocrítica permanente Conmemorar los 44 años de la muerte de Alfredo Maneiro implica volver a sus preguntas antes que a sus respuestas. Su insistencia en que la organización debe responder a la realidad concreta de la clase trabajadora y de los movimientos de base —y no a los caprichos de las burocracias de turno— sigue siendo una lección urgente. Maneiro demostró que la verdadera praxis revolucionaria exige flexibilidad táctica, rigor teórico y, sobre todo, una honestidad intelectual capaz de reconocer cuándo un método ha agotado su tiempo. Su pensamiento vivo sigue recordando que la eficacia sin calidad ética degrada la política, pero que la calidad sin eficacia condena a las causas justas a la irrelevancia. Navegación de entradas Sin Timbre y Sin Distancia… EL BUEN EJEMPLO DE CANTALICIA IMA dictó Taller sobre el “Cambio Climático” en la U.E. “Santiago González Guinán” de Santa Rosa