Por: Ítalo Urdaneta Los recientes resultados de las elecciones de mitad de período en Estados Unidos han sacudido el tablero político, dejando a la administración de Donald Trump con un Congreso adverso tras la recuperación demócrata de ambas cámaras. La inflación, el elevado costo de vida, el peso de la guerra con Irán y el descontento por el precio de los combustibles fueron el detonante principal de este descalabro interno. Sin embargo, en torno a este revés circulan lecturas sesgadas que intentan culpar a la política hacia Venezuela como una causa fuerte de la derrota, cuando la realidad geopolítica y económica demuestra exactamente lo contrario. ¿Quiénes celebran la derrota? La alegría por este tropiezo en el Capitolio cruza fronteras y une a actores de ideologías aparentemente opuestas. La frustración de la extrema derecha y MCM… En nuestro país, la primera que ha debido mostrarse incómoda y contenta a la vez con las turbulencias de Trump es María Corina Machado y la extrema derecha que la respalda. Apostaron todo a un respaldo incondicional que les abriera las puertas del poder por la vía rápida, asumiéndose falsamente como los ganadores absolutos de un proceso, pero chocaron contra el frío pragmatismo de la política exterior estadounidense. El chavismo radical también lo celebra con la dignidad intacta de un pueblo que no perdona ni olvida el profundo dolor y la agresión que significó la invasión del pasado 3 de enero, una violación flagrante a la soberanía nacional y al legado de libertad que nos dejó el Libertador Simón Bolívar. La paradoja republicana… Aunque parezca incongruente, porque teóricamente formaban parte del mismo partido, congresistas de la Florida como María Elvira Salazar, Carlos Giménez y el senador Rick Scott no ocultan su satisfacción ante las dificultades de Trump, dados los profundos roces y diferencias que mantienen con su liderazgo. La verdad sobre los acuerdos petroleros: un negocio redondo para Washington… Resulta completamente falso afirmar que el acercamiento y los acuerdos con la administración venezolana le restaron apoyo a Trump. Lejos de ser un error político, fue una jugada maestra y sumamente astuta de la Casa Blanca. Mientras el ciudadano estadounidense sufría por la inflación interna, la integración de las empresas petroleras de Estados Unidos en la explotación y comercialización del crudo venezolano se convirtió en una fuente masiva de enormes dividendos y estabilidad energética. Washington logró asegurar recursos vitales bajo un esquema donde el control financiero y operativo responde directamente a sus intereses corporativos. Por ello, los demócratas que ahora asumen el control del Congreso podrán endurecer la retórica o exigir investigaciones para sacarle provecho político al tema, pero nadie en su sano juicio en las altas esferas de poder estadounidense va a patear la mesa ni a perjudicar los intereses de sus propias empresas petroleras. Los flujos de inversión y los beneficios económicos que hoy le dejan los recursos venezolanos a la élite que gobierna EE. UU. se van a respetar. ¿Hacia dónde va el tablero?. Trump podrá sentirse derrotado en lo interno frente a un Congreso hostil, pero su política de garantizar recursos y bienestar energético para las corporaciones estadounidenses cumplió con creces su objetivo económico. Mientras Washington redefina su equilibrio político entre presiones legislativas y la continuidad de los negocios petroleros, millones de venezolanos seguimos claros en que nuestra soberanía no se negocia y que cualquier reconfiguración en el norte demuestra que los imperios actúan por intereses, no por afectos. La gran interrogante sigue abierta, pero una cosa es segura: el pragmatismo corporativo seguirá pesando más que las promesas ideológicas. Navegación de entradas Urachiche…