(Necesitamos responder con una espiritualidad solidaria y amorosa)

Sabino Linares López. Por lo general, en las catástrofes naturales, muchas de las cuales, (cómo en el caso de los terremotos y los tsunamis) pueden ser más destructivas que las guerras.

Semejan bombas atómicas que arrasan con las vidas humanas y con los bienes materiales. (ojo, la humanidad, realmente, no ha tenido guerras atómicas).

Para comparar y comprender lo causado por estos dos terremotos, debemos investigar otras catástrofes naturales.

Se calcula que el terremoto ocurrido en Venezuela en 1812, pudo haber sido de 6.8 en la escala Ricster (para la época no había instrumentos técnicos para tal medición).

El sismo de 1900, ocurrido en las costas, fue de 7.7; el de 1967 tuvo una magnitud 6.5 y estos dos sismos de 2026 registraron 7.2 y 7.5 respectivamente.

Según datos científicos suministrados por la geología (FUNVIS, en Venezuela, una institución que estudia los suelos con la finalidad de recabar y caracterizar datos).

Se calcula que los dos terremotos seguidos de este año, liberaron una carga equivalente a 178 millones de toneladas de TNT (dinamita), cifras comparables a la potencia que producirían 260 bombas atómicas como una de las lanzadas en Hiroshima.

Aquella sola bomba, en un instante mató más 85 mil seres humanos y destruyó casi toda la estructura material de la ciudad.

De modo que nuestro país ha sufrido una catástrofe de tal magnitud. Venezuela ha sido devastada…

Por ello hoy, todas y todos no encontramos afectados material, emocional, moral y espuritualmente. Y recuperamos, requiere un esfuerzo colectivo. Necesitamos entre apoyarnos de manera amorosa.

Una devastación como la sufrida deja miles de muertos (los conocidos y oficialmente identificados), y los desaparecidos (cifra casi siempre mucho mayor).

Por ello nunca sabremos cuántos de ellos murieron y dónde. Lo cual resulta mucho más doloroso para los deudos.

Eso implica que la recuperación espiritual y la reconstrucción del país ante lo ocurrido, será lenta, larga y costosa, material y emocionalmente.

Está será una responsabilidad de todos.

El estado, el gobierno, la sociedad y la misma familia, de manera colectiva o individualmente, tenemos un compromiso ético frente a la vida.

Una última reflexión. Debemos, y me refiero no sólo a los venezolanos, sino a la humanidad entera, hacer un gran esfuerzo en cuidar a la madre tierra. Ella nos ha dado vida, alimentos y cobijo a todos los seres vivos. Debemos construir una cultura y una espiritualidad amorosa.

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