Por Henrys Lor Mogollón

Siempre fui a la Argentina en los Mundiales. Venezuela no estaba y mi corazón se teñía de celeste y blanco, y eso se lo debo, en gran medida, a Diego Armando Maradona y a su fútbol inigualable. Por supuesto, mi patria es lo primero, y en mi niñez y juventud soñé con ser futbolista para vestir la vinotinto. Crecí jugando en los barrios de mi pueblo, El Guayabo, de Veroes Yaracuy durante los años 80 y 90, y mis noches de sueños fueron gigantescas: verme campeón del mundo con Venezuela. Y, en cierta manera, lo fui. Fui campeón con mi equipo, «Los Unidos del Guayabo», que formé con mis amigos de la infancia, aquellos que compartían el mismo anhelo.

No les vengo a hablar de mí. Solo quiero que sepan, con esta introducción, que entiendo este deporte. Lo jugué y lo seguí con pasión durante largos años, hasta 1994, cuando detecté la gran injusticia que se cometía con el que, desde mi punto de vista, es el mejor futbolista que ha dado este deporte: Diego Armando Maradona, el Pibe de Oro.

Amado por las mayorías futbolísticas del mundo y odiado por las minorías poderosas que dirigen la FIFA. Desde João Havelange, pasando por Joseph Blatter y Michel Platini, hasta llegar a Gianni Infantino, sin olvidar a Julio Grondona, este último presidente de la AFA. Maradona desafió el statu quo del fútbol, de la política y del poder. Eso no podía ser perdonado. Nunca… Quien desafía a los imperios y al poder, paga el precio; es crucificado como un nazareno, vilipendiado, arrastrado por las calles en su víacrucis.

Maradona denunció todo ese entramado de mafias y corrupción que terminó demostrándose en 2015 con el escándalo del FIFA Gate. El Departamento de Justicia de los Estados Unidos, con el apoyo del FBI, reveló una extensa red de sobornos, fraude y lavado de dinero que involucró a decenas de altos funcionarios del fútbol mundial. El primero blather archi enemigo de Diego.

Pero, según la narrativa oficial, el malo era Maradona. La FIFA se encargó de hacerlo ver así. Le arrebató el Mundial de 1990 a Argentina y le causó su mayor tragedia en el Mundial de EE.UU. en 1994, fabricándole un falso positivo que lo suspendió por el consumo de un medicamento —o haberlo recibido de forma deliberada—, efedrina y sus derivados, pero la propaganda difamadora lo convirtió dejo ver que era cocaína. «Me cortaron los pies». Dijo Maradona. Lo acabaron.. Él y otros futbolistas llegaron a constituir una asociación internacional de Futbolistas profesionales para defender a los jugadores de las injusticias de la FIFA y poner al futbolista en el centro del espectáculo y las ganancias y no a quien no lo merecía la Mafia..

Este año, en este Mundial que comparten Estados Unidos, México y Canadá, las injusticias se acentúan y se ven a flor de piel. Desde antes del torneo: la negación de visas para jugadores de Irán, a quienes cambiaron de sede y les prohibieron quedarse donde les correspondía en Tucson Arizona. Sudáfrica también sufrió problemas con las visas. Aymen Hussein de Irak fue retenido por las autoridades migratorias durante siete horas en el Aeropuerto O’Hare. Japón tuvo que cambiar de sede en tres ocasiones. El árbitro somalí Omar Artan, distinguido como «Árbitro del Año» por la CAF en 2025, fue rechazado en su entrada a los Estados Unidos para dirigir algunos partidos del Mundial.

Y en pleno torneo, las denuncias no cesan. Desde el precio exorbitante de las entradas hasta el descaro en el arbitraje: la retirada de una tarjeta roja a Folarin Balogun por petición de Donald Trump, penaltis no señalados y, la guinda de este pastel de injusticias, la anulación de uno de los goles más bellos del Mundial: la joya de Zico, jugador egipcio. Aquí es donde quiero llegar..

Le voy a Argentina, pero esta vez me ubico del lado de la justicia, como lo hice con Maradona. Eso me hace desconfiar, y más aún corroborar, lo mafioso que son los deportes llamados «profesionales», que de profesional ya no tienen nada. A Egipto lo que se le cobra es el atrevimiento de su entrenador, Hossam Hassan, quien se ha convertido en una figura destacada por su solidaridad con Palestina.

Tras la histórica victoria de Egipto contra Australia, el técnico ondeó la bandera palestina en el campo y dedicó el triunfo a su pueblo. Luego, en rueda de prensa previa al duelo contra Argentina, instó a la comunidad internacional a no ser indiferente, afirmando: «Quien no siente por el pueblo palestino no es humano».

Me atrevo a decir, como lo hice en 1994 siendo un joven de 25 años, que aquello era un ensañamiento contra Maradona por su valentía. Y lo digo hoy, a mis 57 años: esa misma valentía le ha costado a Egipto y a su técnico Hassan la eliminación. Fue eliminado del Mundial, y la pelota se mancha nuevamente de injusticia por una causa noble.

Por consecuencia, atrás quedó el principio de FAIR PLAY adoptado por la FIFA en 1986 cuando en su primera campaña se tomó el nombre de Juego Limpio para combatir la  violencia, la trampa y el racismo en los estadios, porque lo demostrado en este mundial es que no existe la sujeción a códigos de honor ni respeto ni reconocimiento a el rival ni a las reglas de actuación. Al final del juego de argentina el técnico Hassan hizo la señal de ataque racista en el campo y terminó en un impace con Leonel Messi y una amarilla para Hassan qué les parece..

Vemos que el deporte lamentablemente es usado para intereses mezquinos negativos de corrupción, avaricia y ambición. En otro momento de la vida habrá que hacer grandes revisiones y reformas para volver a las bases y a los orígenes en las competiciones, ya que, por ahora hay que permanecer expectante.

Que nos duela en lo más profundo lo que le hacen a Palestina. Denunciemos al mundo el genocidio que se comete contra niños, mujeres, hombres y ancianos indefensos. Que valga la pena la lucha. Así perdamos un juego, un Mundial, así seamos uno solo, nunca dudemos en luchar por la Justicia.

¡Que viva Palestina libre!

El Guayabo Veroes 08 de junio 2026

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