Lcda. Eddy Rodriguez Aponte. Prensa Pana.

Las ideas que se comparten en esta edición, se escriben con el propósito de propiciar en los lectores y las lectoras un momento de reflexión y razonamiento acerca de la situación en Venezuela, puesta en mayor evidencia a partir de los hechos que se viven como consecuencia de los movimientos telúricos en los que madre tierra nos pide mover también nuestras estructuras corporales, mentales y emocionales que fundamentan nuestras acciones. Se trata de hacer un lugar dentro de la conmoción, respirar y dejar que la claridad llegue para tomar en cuenta el contexto de nuestro país y nuestros pueblos. Recordar que venimos de una situación económica, social, política, cultural que ya venía estremeciendo el quehacer humano interna y externamente y que en esta oportunidad invito a ir integrando la emocionalidad, el sentir estadios de dolor por las pérdidas, el sufrimiento, la mezcla de miedo, rabia, incomprensión de lo sucedido,  con la realidad que traemos en la que las estructuras de poder y dominación operan mental y socialmente, revelando que el desafío no es solo técnico, político, institucional sino también profundamente subjetivo y emocional.

Para poder abordar un problema integralmente, es necesario identificar todas las partes que lo componen de manera que se vislumbren los planes de acción y coordinación en los distintos ámbitos de lo individual y lo colectivo. Venezuela, y muchos países de Latinoamérica, siente con mayor crudeza los resultados de las acciones imperiales que se utilizan para la perpetuación de lógicas de dominación en las que se condiciona a las personas y los pueblos subordinados de todas las formas posibles y para esto recurren al sometimiento, a las prohibiciones de diferente índole, comenzando por el bloqueo económico para suprimir las necesidades básicas, la deshonra pública para debilitar la credibilidad institucional y avanzando en la generación de incertidumbre acerca de la propia identidad. Todas estas encuentran terreno blando en momentos de desesperación humana frente a la posibilidad de perder la vida y esto merece ser mirado cuidadosamente.

La colonialidad es una estructura de dominación que funciona aunque los países hayan sido libertados formalmente o geográficamente, y, opera en el psiquismo a través de la reactivación de situaciones traumáticas de los pueblos en los que muere una gran cantidad de gente, como en la pandemia, como en las catástrofes naturales, como en los genocidios de la historia, en donde además se aprovecha de tergiversar y desfigurar las informaciones haciendo que emerja en el inconsciente la narrativa colonial que justificó la persecución, el sometimiento y la desaparición de los pueblos originarios y los testimonios de su sabiduría en todo el planeta.

Como en la edición anterior, el llamado es al autoconocimiento, a despertar el interés por el funcionamiento integral del humano; así como los sistemas informáticos y equipos tecnológicos sorprendentes tienen programas y hay quienes aprenden a programas y a hackear, abrirnos a la posibilidad de acceder a los programas que contenemos los humanos, a preguntarnos cómo se instalan estos programas en la psique humana y mejor aún aprender cómo hackearlos. El sentido es autoconocernos para abonar la vida, una vida en la podemos decidir por el bienestar, que el alimentarse, soñar, trabajar sea un placer, en lugar de una preocupación, y en la que la interrelación en la sociedad sea una oportunidad de descubrir en los demás, otra cara de la divinidad. Hasta la próxima.

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