Por: Ítalo Urdaneta El escenario político venezolano transita permanentemente por una delgada línea entre dos formas de entender la acción pública: por un lado, la inercia de una oposición extrema que durante años apostó por la vía insurreccional; y por el otro, el surgimiento de posturas que priorizan el entendimiento, la recuperación de las instituciones y la atención directa de los problemas sociales del país. Para nadie es un secreto el alto costo que debió pagar la sociedad venezolana como consecuencia de las agendas extremistas promovidas por sectores radicales de la política nacional. En el pasado reciente, bajo el argumento de forzar salidas abruptas del poder, se impulsaron medidas de bloqueo financiero y sanciones económicas multilaterales que impactaron de forma directa en la cotidianidad de las familias. A ello se sumaron llamados públicos a la confrontación callejera violenta, como las recordadas acciones de calle y guarimbas, así como la promoción de sabotajes a servicios públicos esenciales, buscando la interrupción del sistema eléctrico nacional, la paralización del suministro de agua potable y la obstaculización del transporte público. Incluso, la memoria colectiva registra con claridad cómo se solicitó abiertamente la intervención extranjera y el bloqueo militar contra la nación, dejando un saldo doloroso de conflictividad, pérdidas humanas que superan el centenar de víctimas fatales y una herida profunda en la estabilidad económica del país, cuentas por las cuales los principales promotores de aquellas acciones jamás han asumido una responsabilidad directa ante la historia y la justicia. Frente a ese prontuario de zozobra, resulta un giro necesario analizar las posturas que hoy buscan oxigenar el debate opositor bajo una óptica distinta. En este contexto, la figura de Dinorah Figuera se perfila con una narrativa que marca distancia de la confrontación estéril. Recientemente, tras sostener encuentros estratégicos con destacados especialistas e instituciones del sector médico nacional, Figuera ha puesto sobre la mesa una realidad ineludible: los alarmantes indicadores en materia de nutrición, vacunación, disponibilidad de camas hospitalarias y el deterioro de la esperanza de vida al nacer. Lejos de apostar por el colapso, la también médico de profesión sostiene con firmeza que la agenda social y asistencial no puede quedar subordinada a las disputas puramente electorales. Su planteamiento consiste en integrar de manera prioritaria el rescate del sistema de salud pública en las mesas de diálogo y en los procesos de reinstitucionalización del país, equiparándolo en urgencia a las garantías civiles y constitucionales. La contrastación es evidente. Mientras sectores enquistados en el pasado insisten en exacerbar la crisis mediante la asfixia externa y la violencia, propuestas como las de Dinorah Figuera abren una ventana para reconectar con las verdaderas necesidades de la ciudadanía. La reconciliación nacional, la mejora de los servicios públicos, el impulso a las inversiones y la reconstrucción del Estado de bienestar exigen dejar atrás los llamados que tanto daño causaron. Apostar por la salud y la dignidad del venezolano es, sin duda, el primer paso indispensable para transitar hacia un futuro verdaderamente democrático y estable. Navegación de entradas «Legado en piel; marroquinería artesanal» El Ángel Negro de Venezuela, sigue conquistando corazones con sus baladas.