Por: Ing. Mariela Zumoza.- La transformación digital en las empresas venezolanas ha dejado de ser un reto exclusivo de infraestructura técnica para convertirse en una encrucijada moral y de salud pública. En la carrera por adoptar Inteligencia Artificial (IA), muchas organizaciones han caído en la trampa de la «hiper-optimización»: la implementación de sistemas automatizados que miden rendimientos al milisegundo y gestionan al personal basándose únicamente en frías métricas de software. El resultado no es más eficiencia, sino entornos corporativos marcados por el tecnoestrés, la sobrecarga cognitiva y una profunda deshumanización laboral. Frente a este panorama, la academia y la gerencia de vanguardia en nuestro país proponen una respuesta científica contundente: la ergobioética. Basado en las tesis del investigador nacional Dr. Juan de Dios Rincones Azuaje, este enfoque transdisciplinar redefine por completo la seguridad y la salud ocupacional en la era digital. Nos recuerda una verdad incómoda pero urgente: la ergonomía tradicional, limitada a la comodidad de una silla o un escritorio físico, es totalmente insuficiente cuando el enemigo del trabajador es el desgaste invisible y el control punitivo de un algoritmo. Implementar IA no puede ser un cheque en blanco. La ergobioética plantea que cualquier despliegue tecnológico debe estar estrictamente supeditado a los pilares de la bioética digital: no maleficencia (no usar software para inducir ritmos de trabajo extenuantes), justicia (distribución equitativa y transparente de cargas laborales) y respeto a la autonomía humana. El bienestar biopsicosocial de las personas es un imperativo moral y legal; jamás puede sacrificarse en el altar de la productividad de un algoritmo. Para que esto no se quede en un manifiesto teórico, las organizaciones deben asumir compromisos técnicos claros. El primero es la urgencia de realizar auditorías algorítmicas obligatorias que detecten y eliminen sesgos de género, edad o capacidades físicas ocultos en los datos de entrenamiento. El segundo es la adopción obligatoria del enfoque científico «Human-in-the-Loop» (Humano en el bucle). La IA es una herramienta extraordinaria de soporte y asistencia, pero las decisiones críticas como contrataciones, despidos o la gestión de entornos de alto riesgo deben permanecer siempre bajo la supervisión y validación final de un profesional responsable. Como líderes de la transformación en nuestras organizaciones, los CEOs y Directores de Gestión Humana tenemos una responsabilidad que trasciende el retorno de la inversión. La Inteligencia Artificial debe ser un amplificador de las capacidades humanas, no un verdugo de la salud mental de nuestros equipos. El desafío actual no es técnico, es de liderazgo: los invito a implementar comités de gobernanza ética y a exigir auditorías de sesgo en sus sistemas de gestión. No permitamos que la urgencia de la eficiencia automatizada opaque el valor del talento real. Diseñemos empresas competitivas, sí, pero bajo el blindaje de la ergobioética. Al final del día, la sostenibilidad de tu negocio en esta era digital no dependerá de la potencia de tus servidores o de la complejidad de tus algoritmos, sino de la lealtad, la dignidad y el bienestar de las personas que los operan. /Insp. de Seguridad e higiene Laboral en B&R Servicios e Inspecciones Petroleras C.A Navegación de entradas EL ESTADO PROFUNDO Y SUS IMPLICACIONES EN EL PACTO DIESEL: CONSECUENCIAS. Memorias de un escuálido en decadencia | Cansados